Hace unos 5
años estaba trabajando en una compañía multinacional. Ese puesto llegó a mi
vida en un momento personal muy complicado y fue la oportunidad del mundo
laboral que me ayudó a sobrellevar la situación crítica de mi mundo privado.
Al mismo tiempo, fue una experiencia central en mi vida profesional. Aprendí
mucho del área en la que me desempeñe y con éxito. Al mismo tiempo, aprendí
mucho de mí misma como comunicadora. Gane confianza, reconocí y mejoré mis
capacidades. Rompí con prejuicios. Conocí personas increíbles e hice grandes
amigos.
Después de
un tiempo, y gracias a la confianza ganada, sentí que mi camino iba por otro
lado. Aunque siempre dentro de la comunicación y lo comunicacional, me tiré a
la pileta para incursionar en un terreno un poco incierto. Comencé a trabajar
en temáticas ambientales en un municipio del conurbano bonaerense. Nuevamente,
aprendí mucho, en este caso sobre problemáticas ambientales urbanas. Trabajé reconociendo la realidad y las
necesidades de un territorio concreto. Al mismo tiempo, me frustré en varias
oportunidades, me costó mucho adaptarme. Y también disfruté tanto que sigo
ligada al tema, soñando nuevos proyectos.
Más allá de
las idas y vueltas personales, la profesión, en mi caso, es una elección
personal que se construye y reconstruye en cada nueva experiencia. Creo que el comunicador
surge necesariamente en el trabajo. Es ahí donde nos vamos configurando y reconfigurando, y con suerte, encontramos aquello que queremos hacer dentro del inmenso campo de acción que
es la comunicación.
En mi caso, siempre estuvo mezclado lo personal y lo profesional. Reconocerlo me
ayudó a entender que todo eso que ponemos de propio en el ámbito laboral nos ayuda
a hacerlo propio y personal. Durante la cursada de la carrera tuve el placer de tomar algunas clases con Eduardo Vizer (*), fue increíble. A tono con la temática de este post, me vino el recuerdo de esta frase sobre la comunicación, y por qué no, sobre los comunicadores: “la comunicación tiene la impertinencia de ser precisamente un proceso ‘transversal’, un proceso que cruza todas las fronteras y se resiste a la delimitación a uno u otro campo, a una u otra disciplina. Cruza –y hasta ‘construye’– los propios campos de la subjetividad intra e interpersonal, la transubjetividad social, interviene en las grandes y pequeñas decisiones políticas, en la economía y el mercado, y en todas las formas mediatizadas de las tecnologías actuales de la información y la comunicación”.
* VIZER, Eduardo (2006) La trama (in)visible de la vida social. Comunicación, sentido y realidad. Ed. La Crujía, Buenos Aires.