viernes, 29 de marzo de 2013

Comunicacarear el cambio



La comunicación como práctica social, como dimensión transversal, es un puente para fertilizar el terreno y propiciar cambios en una situación problematizada. Pero ¿qué comunicación para propiciar qué cambios?


La comunicación como dimensión que escapa de la idea lineal del mensaje y la estructura limitada de Emisor – Receptor,  se piensa compleja. Tiene como norte la transformación sustentable y para ello, en los proyectos y propuestas que se diseñan es esencial escuchar al otro. Escuchar al otro en el sentido de habilitar el espacio para que esa vos sea parte, forme parte y tome parte.

Involucrar e involucrarse es la columna estructural de cualquier proyecto, sea en una compañía o en una dependencia estatal. ¿Cómo propiciar el involucramiento de los actores en los planes estratégicos de comunicación? No sé si hay una receta, porque ese involucramiento depende de los vínculos que se logren construir entre los actores, sin embargo, sí hay formas de plantear el abordaje para que esto fluya.
Y aquí es cuando hablamos de participación. ¿Acaso hay comunicación sin participación? Un miembro de una organización con la que trabajé decía “Participar no es convalidar una posición que armo el otro, es discutir propuestas.” En esa discusión, en el intercambio y el diálogo está la construcción del encuentro como emergencia transformadora.

¿Y el comunicador? Es necesario que las lógicas y tiempos diferentes que se encuentran/enfrentan en estos procesos, encarnados en los actores que participan, sean cada vez más concientes. Entendiendo estas diferencias y lógicas contrapuestas es posible estar más atentos a los sujetos y su posicionamiento. Si las voces, opiniones y sentidos no son recogidos para la acción y los espacios de participación son sólo para relevar quejas y “hacer catarsis”, no se concreta ni se transforma aquello que se identifica como problemático. Ser concientes de ello nos obliga a estar atentos del contexto, del recorrido, de las preguntas, para no perder de vista que estamos trabajando dentro de un proceso complejo donde se juegan intereses personales y colectivos.

miércoles, 20 de marzo de 2013

¡Guau!


Caminando por mi barrio, con el traqueteo musical del carrito de Rosario, me encontré con este dispositivo armado por un vecino. Debería aclarar que en mi barrio hay muchos perros, cientos de millones de caninos con necesidades excretorias varias. Esto despierta la ira de muchos vecinos que ven sus veredas como campos minados pero, al mismo tiempo, despierta la creatividad y, porque no, el deseo de hacer contacto, de sensibilizar y comunicarse con los acompañantes humanos para lograr un acuerdo.

Cuando pienso en comunicación y en el universo de ideas que la rondan, siempre se presentan dos palabras casi como adosadas: participación  e involucramiento. Participación como presencia constante en los temas que interesan, que nos afectan. Digo presencia como atención, como deseo de comprender, conocer para poder tomar posición y desde allí ser actor del cambio. Y pienso en involucramiento, como la necesidad de salir del confort de la opinión para comenzar a transitar y atravesar los procesos.

Creo que la comunicación implica una gran dosis de afecto, de paciencia y, en cierta forma, de creer que las transformaciones son posibles (supongo que este vecino creativo sabrá bastante del tema). Al mismo tiempo, participar e involucrarse son instancias vitales para poder hacer contacto con el otro. Para comunicarnos tenemos que entregar algo del mundo propio, atrevernos a exponer y a exponernos.

La mirada, nuestra experiencia, la forma de creer o sentir, exponernos es entregarse un poco, confiar para construir espacios de diálogo sincero y respetuoso. ¿Es posible? Creo que sí.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Palabras


Las palabras nos traen a tierra, nos sitúan y, al mismo tiempo, ofrecen la oportunidad de ser resignificadas en los contextos. Hay palabras que comenzaron siendo atributo de sectores o comunidades en específico y que de allí se extendieron y fueron tomadas por actores diversos que las interpretaron y las usan según sus propios patrones culturales.

En el campo de la investigación y en los ámbitos profesionales hay usos muy diversos del concepto Comunicación. Generalmente se vincula comunicación con medios de comunicación u otros  dispositivos o herramientas propios de la dimensión informativa (para profundizar en este tema!)

Por esto, y para reflexionar sobre la comunicación, me pareció interesante recopilar algunos de las conceptualizaciones que me resultan más interesantes para definir la comunicación, según diversos autores de Latinoamérica.


"Comunicación es el proceso por el cual un individuo entra en cooperación mental con otro hasta que ambos alcanzan una conciencia común." Kaplún, Una pedagogía de la Comunicación, 1998.

“En la vida cotidiana, decimos que actuamos y nos comunicamos por alguna intención o por algún motivo. Consideramos entonces que la comunicación surge de la voluntad consciente de establecer una relación o una acción con respecto a otro. Pero generalmente no nos comunicamos como un fin en sí mismo, si no para establecer ante los demás el reconocimiento de una postura, un acuerdo, un valor, un sentido, lo que sería equivalente a decir: ‘¿estamos de acuerdo?’” y continúa “Este proceso complejo – y muchas veces inconsciente – hace explícita la naturaleza profunda de la comunicación como constructora - o creadora – de sentido. Toda forma de organización social instituye, y a su vez es instituida por estos proceso de construcción de sentido por medio de la comunicación”. Eduardo Vizer, La trama (in)visible de la vida social, 2006.

La verdadera comunicaciones es aquella que se recrea día a día, que acerca, motiva, compromete y moviliza a la gente, que permite creer en las personas y crear un futuro para todos.” Calandria Asociación de Comunicadores Sociales, Comunicación y desarrollo local, 2005.

“En la construcción social del territorio intervenimos todos de forma consciente o inconsciente, caminando por las calles, mirando y hablando con la gente. A partir de allí hemos creado relaciones con personas y hemos reforzado nuestra manera de movernos, analizar, reaccionar y hacer. Y lo hemos venido haciendo desde niños, porque hemos aprendido a través de la socialización que al final es comunicación.” Silvana Ospina, La Investigación-Acción-Participación (IAP) en el contexto del proyecto barrios del mundo: historias urbanas, 2008.



  

viernes, 8 de marzo de 2013

Ser comunicador


Ser comunicador es una profesión de riesgo. Digo profesión cuando debería decir atributo, y digo de riesgo porque en la práctica se juega el cuerpo y la palabra.
Llegué a la carrera de Ciencias de la Comunicación digamos, de casualidad. Tenía 17 años y, como buena hija de libreros, quería seguir en el mundo de las palabras. Sufrí los primeros años, la adaptación fue difícil, no tanto por el estudio o el esfuerzo, tal vez sí por la particular forma de hacer el recorrido. En los últimos años, ya más madura, comencé a disfrutar todos los momentos.
Durante la cursada de una materia del último año me cruce con un texto muy corto que tuve que leer muchas veces para comprenderlo. La comunicación es el momento relacionante de la diversidad sociocultural y las estrategias son dispositivos de cambio social conversacional. Recuerdo que cuando pude entender desde dónde estaba hablando, aluciné. Años de formación universitaria comenzaron a hacer sentido en ese momento. Para mí, ese texto y el trabajo de campo posterior, fueron determinantes para comprender, interrelacionar, discutir y cuestionar autores, teorías, prácticas y comenzar a transitar mi propio camino profesional (y por qué no, personal).
Cuestionar, indagar y sacudir las miradas y prácticas establecidas implica poner el cuerpo y dejarse atravesar por los sentidos en discusión. Creo que hacerse cargo de las posturas, argumentar e involucrarse en el diálogo es una forma de llenar de afecto nuestras prácticas, de darle matices y textura a nuestro “estar siendo” comunicador.
Esta profesión, esta forma de estar siendo comunicadora, creció en mí alimentada de miles de experiencias académicas, personales, familiares, que se fueron conectando, a veces de forma azarosa (¿acaso existe el azar?) para permitirme navegar en este mundo fluido, a veces flotando en la orilla y otras (las ansiadas), buceando en las profundidades de la complejidad y el encuentro.

Si te interesa conocer un poco más del tema