jueves, 2 de mayo de 2013

¡Salud!


Hace unos cuantos días que estoy alejada del trabajo. Mi hija de 11 meses fue operada del corazón y nuestra vida se detuvo por un par de semanas. Ahora estamos de vuelta en casa, sanando y recuperándonos de más de un año y medio de estrés constante.

Haber transitado esta experiencia me hizo reflexionar sobre la comunicación y la salud, ámbito en el que trabajé profesionalmente durante un tiempo y al que inevitablemente sigo ligada porque siempre queda el ojo entrenado para los temas que nos movilizan.

En los días previos a la cirugía, durante la internación y el postquirúrgico, fue muy importante tener paciencia para lidiar con el discurso médico sobre la problemática particular de nuestra hija y los riesgos de la cirugía. Al mismo tiempo que nos brindaron excelente atención y el cuidado, fueron pocos los profesionales que pudieron sostener una mirada  sensible y comprensiva ante nuestra angustia como padres en un momento tan extremo. Pocos médicos pudieron detenerse, explicar y, al mismo tiempo, cuidar el mensaje, elegir las palabras para decir la verdad y no herir en exceso, o alimentar de más fantasías que ya teníamos.

Más allá del ámbito médico y la complejidad de los casos con los que los profesionales deben lidiar, me pregunto si con el tiempo perdemos la sensibilidad para llevar adelante nuestras prácticas ¿Es la repetición de las tareas? ¿Es la frustración de no lograr los objetivos? ¿Cuándo dejamos de estar atentos de la existencia del otro? ¿Cuándo el trabajo se vuelve hastío y el otro una entidad que queremos evitar?

En las horas de descanso, mientras mi pareja cuidaba de nuestra hija, me enganche con estos videos de CUALCA que me daban un respiro de risa. Este es uno que habla sobre la pérdida de sensibilidad, abunda en exageraciones y no tanto.

















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