Hace un par de años que comencé a
trabajar en temáticas ambientales. Como mi ejercicio fue en un espacio estatal,
estuve en contacto con una variedad intensa y diversa de problemáticas
ambientales urbanas, actores y responsables. Cuando comencé adentrarme en la
temática me consideraba una persona con cierta sensibilidad para comprender
algunos de los temas ambientales que estaban en discusión socialmente. Sin
embargo, y como siempre que uno profundiza en algo, mi mirada sobre el
tema/problema ambiental cambió, incorporando muchos aspectos y abordajes que desconocía.
Una de las bases de este cambio
surgió en el trabajo y luego creció con un las lecturas de un estudio de
posgrado sobre comunicación estratégica que incluye sensiblemente la mirada
ambiental. El cambio vino de la mano de autores y científicos que vienen
trabajando sobre la epistemología, la filosofía y la ciencia, cuestionando la
forma en que pensamos el conocimiento o la forma en que la ciencia clásica nos
enseñó a pensar el conocimiento a través de la educación y el discurso
científico (algunas lecturas, por ejemplo Morín, Maturana, Leff, Maya, entre otros).
Primero, la reflexión vino en esta
idea del abrazo partido: el ser humano como extranjero en el mundo natural. Un
vínculo que se construye desde la dominación y la extracción. ¿Cuándo fue que
nos desencontramos con lo natural de lo humano?
Y luego, sobre el rol del conocimiento disciplinario
que separa, aísla, compartimenta. Conocer es una forma de vínculo que
establecemos con los otros y con el mundo. ¿Es posible solo ver las partes? ¿Es
posible solo ver el todo? ¿Es posible pensar en objetos de estudio como
componentes aislados, atemporales, imperturbables?
¿Cómo se vincula la forma de conocer con el tipo de vínculo posible
entre humanos y naturaleza? En este punto vale la reflexión sobre si lo que
estamos buscando es conocer para poner a nuestro servicio a la naturaleza,
conocer sus procesos y orientarlos a satisfacer nuestras necesidades; o si
existe la necesidad de cooperar con la naturaleza, de reconocer los aspectos
recursivos del vínculo para satisfacer nuestras necesidades sin poner/ponernos en
riesgo.
Entiendo lo ambiental, como una
realidad que nos atraviesa, como ese encuentro entre lo natural, lo social, en
un tiempo y lugar.
Creo que pensar lo ambiental no es
un capricho ecologista o conservacionista. Lo ambiental requiere ser responsable en las propuestas, actividades y prácticas para generar el menor daño al ambiente en el que
habitamos por nuestra realidad actual y por la futura.
No creo que sea posible volver el
tiempo atrás. No sé si la solución a la crisis ambiental es abandonar todo lo
que creímos hasta ahora, sí creo que podemos educarnos, cambiar y esforzarnos para mejorar nuestra realidad con
prácticas que nos vuelvan a vincular, desde el afecto, con lo natural de lo
humano.
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