martes, 7 de mayo de 2013

Seres humanos y naturaleza, el abrazo partido


Hace un par de años que comencé a trabajar en temáticas ambientales. Como mi ejercicio fue en un espacio estatal, estuve en contacto con una variedad intensa y diversa de problemáticas ambientales urbanas, actores y responsables. Cuando comencé adentrarme en la temática me consideraba una persona con cierta sensibilidad para comprender algunos de los temas ambientales que estaban en discusión socialmente. Sin embargo, y como siempre que uno profundiza en algo, mi mirada sobre el tema/problema ambiental cambió, incorporando muchos aspectos y abordajes que desconocía.

Una de las bases de este cambio surgió en el trabajo y luego creció con un las lecturas de un estudio de posgrado sobre comunicación estratégica que incluye sensiblemente la mirada ambiental. El cambio vino de la mano de autores y científicos que vienen trabajando sobre la epistemología, la filosofía y la ciencia, cuestionando la forma en que pensamos el conocimiento o la forma en que la ciencia clásica nos enseñó a pensar el conocimiento a través de la educación y el discurso científico (algunas lecturas, por ejemplo Morín, Maturana, Leff, Maya, entre otros).

Primero, la reflexión vino en esta idea del abrazo partido: el ser humano como extranjero en el mundo natural. Un vínculo que se construye desde la dominación y la extracción. ¿Cuándo fue que nos desencontramos con lo natural de lo humano?

Y luego,  sobre el rol del conocimiento disciplinario que separa, aísla, compartimenta. Conocer es una forma de vínculo que establecemos con los otros y con el mundo. ¿Es posible solo ver las partes? ¿Es posible solo ver el todo? ¿Es posible pensar en objetos de estudio como componentes aislados, atemporales, imperturbables?

¿Cómo se vincula la forma de conocer con el tipo de vínculo posible entre humanos y naturaleza? En este punto vale la reflexión sobre si lo que estamos buscando es conocer para poner a nuestro servicio a la naturaleza, conocer sus procesos y orientarlos a satisfacer nuestras necesidades; o si existe la necesidad de cooperar con la naturaleza, de reconocer los aspectos recursivos del vínculo para satisfacer nuestras necesidades sin poner/ponernos en riesgo.

Entiendo lo ambiental, como una realidad que nos atraviesa, como ese encuentro entre lo natural, lo social, en un tiempo y lugar.

Creo que pensar lo ambiental no es un capricho ecologista o conservacionista. Lo ambiental  requiere ser responsable en las propuestas, actividades y prácticas para generar el menor daño al ambiente en el que habitamos por nuestra realidad actual y por la futura.

No creo que sea posible volver el tiempo atrás. No sé si la solución a la crisis ambiental es abandonar todo lo que creímos hasta ahora, sí creo que podemos educarnos, cambiar  y esforzarnos para mejorar nuestra realidad con prácticas que nos vuelvan a vincular, desde el afecto, con lo natural de lo humano.  


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